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| TRAJE TRADICIONAL DE
CANDELEDA |
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| Generalidades |
La forma de vestir es uno de los puntos
importantes para conocer aspectos de la vida cotidiana
de nuestros antepasados. Teniendo en cuenta el medio
y el clima, los diferentes trajes denotan las carencias
y abundancias de los lugares y comarcar naturales;
pero más allá de buscar protección
contra el frío y el calor o de las asperezas
y suavidad de la tierra, el ser humano ha buscado
en su indumentaria formas de distinguirse socialmente.
A lo largo del tiempo el traje se
vio sometido también a leyes y diferentes ordenanzas,
clasificándolo según el trabajo, sexo,
lugar de procedencia o estado social. Fue hasta bien
entrado el año 1700, no se ve libre de normas.
A partir de la Guerra de la Independencia contra Francia
los trajes llamados tradicionales empiezan a configurarse
tal como nos han llegado hasta nuestros días,
aunque la configuración de los diferentes trajes
no tiene una antigüedad superior al siglo XVIII,
hay elementos arcaicos que revelan la trayectoria
histórico-cultural de los diferentes pueblos
y momentos que fueron entroncando desde el pasado
prehistórico hasta nuestros días.
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Las piezas de orfebrería muestran
las analogías con los tesorillos de la Edad
del Hierro, VIII AC, en especial
las arracadas o pendientes llamados de herradura,
encontrados en las necrópolis celtas. Las formas
de herradura, de sol o media luna son signos muy utilizados
por las culturas del año 1000 antes de Cristo
en gran parte de la península.
Los pendientes llamados de lazo o calabaza, que están
llenos de simbología en sus formas, muestran
claros signos orientales manteniendo parecido con
los hallados en excavaciones arqueológicas
tartesas. Los componen 3 piezas:
o el pilón o cierre del pendiente:
forma de sol con doce rayos en forma de bola y en
el centro seis esmaltes interpuestos, tres blancos
y tres negros. (Representa a los antepasados y a la
familia)
o del pilón cuelga un lazo
y de él dos, cuatro o seis campanitas, dependiendo
del tamaño. (Simboliza la unión, las
campanas, la fiesta)
o y también cuelga la calabaza,
hueca, de forma cónica, de rica filigrana.
(Símbolo de la prosperidad y fertilidad). Quizá
por su simbología se preferían para
el momento de la boda.
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| En ocasiones con el peso y tamaño
de los pendientes se rajaban las orejas, teniendo que
sujetárselos al pañuelo o trenza de sus
tocados. Aún hay muchas mujeres que siguen utilizando
las arracadas o pendientes tradicionales, destacando
el tipo llamado africana, variante simple del de herradura. |
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El resultado de la investigación
arqueológica en la comarca muestra un alto
grado de población en la Edad del Hierro, lo
demuestra la ciudad-castro El Raso donde se obtuvieron
pruebas gracias al hallazgo de diferentes objetos
de los intercambios que aquellos vetones mantuvieron
con tartesios del sur y celtas del noroeste peninsular.
El uso de finas cuentas de arcilla policroma usadas
como collares, se encuentra en las necrópolis
vetonas en su forma original, siendo aún el
ajuar tradicional de esta tierra.
Varios siglos después el barro
y la piedra fueron sustituidos por cuentas de oro
y plata de rica y variada filigrana llamada de soles,
formando la tradicional gargantilla, muy ajustada
a la garganta, de la que suelen colgar una cruz de
estilo semita, con sobresmaltes blancos y negros que
recibe el nombre de venera. A modo de cierre dos cintas
de fina seda bordada, enlazada en la base del cuello
dejando caer sobre la espalda un lazo llamado siguemepollo,
que solían ser el regalo y muestra de amor
de los mozos a las mozas en los días de ferias
y fiestas.
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Posteriormente, desde la Edad Media, se perfecciona
la técnica de la orfebrería y aparecen
las joyas tal y como nos han llegado. La materia prima
es el oro, la plata y el azabache, siempre en rica y
variada filigrana de muy diferentes estilos, desde el
cordobés al trujillano, pasando por el charro
y varias técnicas de trabajo autóctonas. |
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o El aderezo es un collar generalmente
igual a la gargantilla, variando el tamaño
de las cuentas y el largo, siendo mayores. Del collar
o de la gargantillona cuelga el galápago (simula
un caparazón, de forma esquematizada, símbolo
de resistencia y sabiduría), piezas más
antiguas, o puede colgar la temblera (especie de cruz
de dos piezas, la superior con forma de lazo y la
inferior es la cruz; de ambas partes penden cinco,
siete u once pequeños colgantes con forma de
pequeños galápagos. En el centro de
la cruz se intercalan seis puntos de esmalte, tres
blancos y tres negros de clara herencia árabe).
o Otros complementos del ajuar femenino:
grandes crucifijos de filigrana, medallas votivas,
amuletos varios, broches, la botonadura del jubón,
pulseras, anillos y sobre todo las horquillas de plata
y de variada filigrana ; hay dos tipos: unas redondas
con dos pequeñas bolitas que cuelgan del centro,
llamadas lágrimas y se ponen a ambos lados,
y otras sin estos ornamentos, que se utilizan como
peinetas.Los ornamentos no varían excepto por
el poder económico personal. No existen dos
piezas iguales al estar hechas de forma artesanal
por las plateras. Este gremio desaparece totalmente
a principios de siglo.
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EL TRAJE
FEMENINO
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| La mantellina: es la pieza más
ancestral del traje y complemento obligado para las
más grandes ceremonias (Ej. Dibujo ibérico
s. II AC). La capa de paño fino con capucha negra
y parda, de poco vuelo y más corta en parte delantera
se utiliza como prenda de abrigo en la misma época.
Encima de un camisón interior, para uso diario
usaban finas blusas de los más variados colores
y texturas, muy entalladas en la cintura, y pechera
fruncida o bordada y en su mayoría abrochada
atrás o a un lateral. Las mangas de la blusa
tienen amplios golondrinos que caen del hombro y se
ajustan al antebrazo, resultando todas las mangas algo
cortas. En días señalados estaban ricamente
bordadas con signos geométricos o florales de
influencia oriental y algunas veces los bordados son
sustituidos por la técnica del deshilado. |
| Otra pieza es el jugón negro,
la blusa para los días más importantes,
de terciopelo labrado o ricas telas brocadas. Puños
y puñetas se labran con pedrería, azabaches,
galones o cintas, en otros casos van bordados y en otros
se utilizan varias telas distintas, dando policromía
al conjunto. Los botones del jugón solían
ser de asta, hueso, azabache o madera forrada, excepto
los puños que eran de rica plata labrada y cuyo
número varía, siendo generalmente un mínimo
de tres por puño. El puño se remata con
fina puntilla de bolillo en hilo negro o blanco. El
cuello abierto, gran escote de caja cuadrado, sin adornos
y prendida la pañoleta, generalmente blanca,
especie de sobrecuello, sobrecargada de puntillas, cintas.... |
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Para el trabajo de campo utilizaban
amplias chambras de recia tela y escueto patrón,
pieza elemental y funcional. También la toquilla,
que en invierno era de recia lana en color negro con
flecos bastos de lana rizada y cardada, que podían
utilizar como manta. Para el buen tiempo las toquillas
de pelo de cabra, hechas con una aguja especial de
hueso, cuya labor artesanal ha desaparecido, son de
un solo color y tienen el aspecto de una red o tela
de araña, siempre en tonos crudos.
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Los pañuelos de seda y crespón
fueron utilizados para el buen tiempo, siempre en
fuertes y vivos colores, bordados o con llamativos
diseños. En esta comarca tuvo mucha importancia
la industria de la seda, la cría de gusanos
y venta de capullos, y es raro encontrar estos pañuelos
en seda siendo relevados por los más apreciados,
que no antiguos, pañuelos de ramo. En todos
los trajes se utiliza el pañuelo cruzado a
pico, variando en la forma de prenderlo de unos respecto
a otros, pudiendo diferencias por los matices el lugar
de procedencia del traje en cuestión.
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La ropa interior femenina era igual
en todo el Valle. Un largo camisón o viso de
hilo sobre el que se ajustaban siete enaguas, generalmente
blancas, una para cada día de la semana. La
costumbre era lavar la noche del sábado la
enagua primera, que estaba en contacto directo con
el cuerpo, para ponérsela limpia la mañana
del domingo, y así durante todo el año.
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El uso de siete enaguas fue menguando
a tres, siendo hoy en día tan solo una. En
época de menstruación algunas utilizaban
unos calzones especiales. No son tradicionales ni
las bragas ni pololos adoptados por los grupos folklóricos.
Sobre las enaguas, el refajo de paño, teñido
generalmente en verde, azul, amarillo, rojo, pardo
o negro, cuyo único adorno son una serie de
lorzas en su parte baja que van de tres, a siete o
doce. Sobre el refajo, el miriñaque de tela
estampada o lisa, pero siempre lleno de colorido,
que puede ir adornado con tres cintas o tiranas, con
dos puntillas de hilo de oro o plata o liso sin adornos,
pero en todos los casos muy plisados, con finas y
rectas tablas que dan una forma acampanada al talle
femenino.
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Sobre las enaguas y el refajo simple
el guardapiés, faldón también
de paño teñido pero de más amplio
repertorio colorista, sobre el que se cosen la o las
tiranas picás, piezas de paño de color
diferente al de la falda en el que se han recortado
diferentes motivos y cosido a ésta. Es el guardapiés
una pieza llena de misterio e información,
porque dependiendo del color de la falda y el picao
se sabrá a simple vista entre otras cosas su
estado social. Los colores claros y llamativos se
reservan para la mocedad, mientras que los más
elegantes, amarillo picao negro o rojo picao en negro,
suelen ser signos de madurez o estabilidad, dejando
colores pardos y negros para la viudedad.
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El dibujo del picao también
descubre a su portadora: las flores simbolizan la
belleza en general, pero no es lo mismo una rosa que
un clavel; cuando estas flores están juntas
en un ramo indican matrimonio. Si lo que aparecen
son pájaros, en general representan alegría,
pero no es igual un águila que una paloma.
Si el dibujo es de una fuente simboliza riqueza, pero
si la fuente está rodeada de fruta (granadas
o piñas) representan la posesión de
tierras para la agricultura, cuando beben animales
indican relación con la ganadería.
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Sobre la segunda falda va la faltriquera
o faldiquera que es el último y más
moderno complemento incorporado al traje. La faltriquera
es un pequeño bolsillo que se ata a la cintura
con dos cintas y de la que hay una gran variedad de
motivos y modelos: para el diario telas toscas a base
de retales, carentes de adornos, en el valle solían
ser de terciopelo negro bordadas con flores de colores
junto con las iniciales. Las pastoras utilizaban el
cuero labrado en varios tonos y también tres
pieles: la de gato, por ser muy clara, la de becerro,
de colores castaños, y la de cabra, más
oscura.
Sobre las diferentes faldas, medio ocultando la faltriquera,
los delantales y los mandiles. Estos son más
cortos y barrocos en cuanto a los adornos, dejando
ver los dibujos bordados, picaos, estampados o pirograbados
de las faldas. Los mandilones de principio de este
siglo eran de blancos lunares. Cubrían las
piernas con medias de lana, generalmente blancas,
en algunos casos azules o encarnadas y negras para
las mayores. Los zapatos de cordobán, con tacón
de carrete, en terciopelo negro, bordados con finos
ramos y hechos a mano y a medida.Para las bodas algunas
usaban botines de becerro labrados. Para el campo,
albarcas de cuero con la puntera cerrada y repujadas
con adornos, en su mayoría florales. Hoy en
día quedan pocos zapateros que sigan ejerciendo
su labor tradicional y artesanal.
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Traje femenino de Candeleda
En Candeleda las cosas varían considerablemente
respecto a otros pueblos. Desde su origen recibió
a vecinos de las poblaciones colindantes que vinieron
a esta villa, más grande, en busca de mejor
fortuna, y con ellos trajeron sus trajes, que con
el paso del tiempo llegaron a integrarse y formar
parte de la propia cultura de esta villa. Fué
punto de reunión de gentes no sólo del
propio Valle, sino también de pueblos de tras
la sierra, de las aldeas nortoledanas y de las villas
hermanas de la Vera de Plasencia. Los candeledanos,
algo más ricos y poderosos que en el resto
de las poblaciones, guardan los trajes de más
porte y valor.
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El traje de Serrana
El tocado suele ser de rizo o cocas sujeto por horquillas
de plata u oro, generalmente 3 a cada lado de la cabeza
y otras 3 para sujetar la porreta al moño de
picaporte.Los grandes pendientes de herradura en sus
variantes gajolimón, picosierra, de azahares,
de media luna,, etc.La gargantilllita con la venera
al cuello y la gargantilla con temblera o galápago
al pecho. La barroca pañueleta prendida sobre
el jugón más elegante.
Los pañuelos más usados para el traje
de serrana a principios de este siglo fueron los de
seda y crespón.
A la cabeza, una porreta de seda y un pañuelo,
casi siempre blanco, sobre el que se ponía
la gorra de paja para evitar el sol. También
usaban gorras de paja más parecidas a las pamelas
para el trabajo del campo, mientras que las pastoras
solían gastar sombrero de paño corto
o montera, usadas igualmente por los hombres (quizá
muestra curiosa de un pasado matriarcal). Las enaguas
y medias blancas y albarcas de cuero como calzado.
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El traje de novia
Es común a todos los pueblos.
Han quedado pocos, pues la tradición era enterrarse
con el mismo traje con el que se casaban: "traje
de gala y tajá, guardar para amortajar".
Las novias más ricas lucían gran número
de horquillas, sujetando el peinado y la porreta,
para estar más elegantes que de costumbre.
Sobre la cabeza la mantelina, al cuello tantas gargantillas
y colgantes como se pudiera permitir, y en las orejas,
los pendientes de lazo, algunas personas mayores dicen
que los pendientes debían ir en función
de la cara; cara larga: pendiente de herradura, la
cara redonda pendiente de lazo.
El rico jugón de terciopelo negro, con botonadura
de plata y adorno con seda, cintas, galones y azabache.
Fina pañoleta prendida al jubón y, tras
el cuello, tantos siguemepollos colgando sobre el
pañuelo de ramo negro como collares luciera.
Falda negra de tela brocada llamada vasquiña,
que puede adornarse con cintas de terciopelo, azabache,
puntilla de hilo en oro o en plata, cintas bordadas,
adornos con lorzas pero, en todos los casos, muy tableado.
El mandilón de terciopelo con la faltriquera
a juego con el jugón y la vasquiña,
debajo el refajo, las enaguas, el viso, el justillo,
las medias y los zapatos de cordobán o botines.
A principio de siglo comenzaron a casarse con faldas
de ricos colores, llamadas miliñaques o sayas,
con mantones de Manila, dando paso casi sin transición
al uso del blanco. Completaban el traje prendiéndose
un ramito de azahar blanco en el pañuelo, sobre
el corazón; otras se lo ponían en la
cabeza en forma de diadema, como símbolo de
virginidad.
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EL TRAJE MASCULINO

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El traje serrano: sobrio en colores
pero de gran elegancia. La mayor parte de los trajes
hechos a principios de siglo estaban hechos con lino,
lana y paño. También de la tela llamada
pelo de cabra por el parecido con la piel de ese animal
(chaquetillas, calzones y chalecos se utilizaban habitualmente
en Candeleda).
A la cabeza, el sombrero rocaor o curro, de recio
paño negro o pardo, de amplia ala circular
y caja cónica, con dos borlas o cotufas que
caen por el ala izquierda; suele rematarse con un
cordón; se ata de delante a atrás, a
la nuca, sujetando el pelo al nudo del pañuelo,
que se echan a la cabeza anudado por detrás
y que solía ser de un solo color. Hoy en día,
muchos llevan un pañuelo al cuello, degeneración
del que anteriormente llevaban en la cabeza. Y como
toque la pluma de un pavo real en los serranos y de
perdiz en los del valle o sencillas flores naturales
de la temporada sujetas en la cinta del sombrero.
En todo el Valle se utilizó la "chambra",
blusa quesera o blusón de tela basta para el
uso diario por lo general, y que en algunos casos
se bordan o adornan para los días de gala.
También la blusa de lino blanco o de lienzo
moreno, con botones hasta medio pecho y de amplio
vuelo, con la pechera y los puños bordados,
o la camisa de hilo primorosamente deshilada y bordada
con lujo y esmero, estas eran una labor de años,
ya que las mujeres desde niñas empezaban el
deshilao para el que fuera en el futuro su marido.
Bajo la blusa o sobre la camisa, el chaleco de paño
teñido, terciopelo o seda. Casi todos son de
color oscuro, excepto los infantiles. En todos los
casos abrochados por una doble botonadura de plata.
A los riñones y caderas, la larga faja de lana,
teñida de negro y en ocasiones excepcionales
bordada con símbolos o iniciales de la familia.
(el uso de la faja roja en ciertas bodas y fiestas
es de implantación reciente).
El calzón de lienzo moreno o lino a media pierna
o al tobillo, con gatera delantera y cintura ajustable.
Al novio se le borda flores y ramos junto con las
iniciales con la casi perdida técnica de bordado
llamada plumilla. Sobre este calzón el calzón
de paño que en esta zona del Valle solía
gustar de pantalones hasta el tobillo, rica botonadura
de plata.
Por debajo, las medias de lana que cubren las pantorrillas.
Otro complemento son los leguis, especie de calentadores
de paño con rica botonadura y muy ajustado
en la pantorrilla.
El calzado para los días normales eran albarcas
de cuero, dejando los zapatos y botines (parecidos
a las botas camperas bajas, con una cinta en la pantorrilla
como ajuste, eran utilizados por los más ricos)
para los días de fiesta.
La chaquetilla corta remata el traje, por lo general
de paño negro o pardo y con la botonadura de
plata en la pechera o puño, adornada según
las posibilidades, con bordados, galones o paasamanería,
mayor carga en la chaquetilla del traje de novio.
Imprescindible y arcaica capa de rancio abolengo español,
de amplio vuelo y larga, con esclavina y en la mayoría
de los casos carentes de adornos. Todas llevan por
dentro una contratela de vivos colores, destacando
el rojo y el verde. Podían coserse escarapelas
al hombro o cintas de sus conquistas amorosas.
Para los novios el traje es muy especial. La camisa
y el calzón, por lo general, eran regalo de
la novia y rica muestra de sus habilidades. Cada traje
de novio es una obra única.
Desafortunadamente, igual que en el caso de las mujeres,
con el traje de novio solían amortajar a los
difuntos, por lo que quedan muy pocos. Sin embargo,
la botonadura y joyas se quitaban de las mortajas,
y muchas familias aún los guardan.
Los pastores de Gredos obtenían muchas de sus
prendas del ganado que guardaban. Calzaban albarcas
de cuero, aunque los vaqueros, más ricos, utilizaban
botas de cuero, muy parecidas a las populares botas
camperas andaluzas, siempre de color negro. Se cubrían
las pantorrillas con medias recias de lana de cabra
y leguis de cuero. Otras veces, para proteger sus
piernas de la nieve y el frío se enrollaban,
a modo de vendas, tiras de telas y pellicas (pieles)
de conejo que sujetaban con las correas de cuero de
sus calzas.
Las calzas eran una especie de calzón de piel
para el frío, aunque los calzones habituales
eran de paño. Se sujetaban con una faja sobre
la que podía ir el becerro, especie de faja-cinturón
de ancho cuero, que se ajustaba a los zanjones o zajones
(zahones), en su mayoría con peto. En el torso
la camisa, cubierta por una pellica de borra, chaleco
hecho con piel sin pelar del cordero, chambra y para
el frío las arcaicas enguarinas, que los mismos
romanos en su expansión adoptaron como prenda
de abrigo en los rigurosos inviernos. La cabeza cubierta
por un sombrero o la montera. Se cubrían a
veces con capa o con una simple manta y, como complemento
imprescindible el zurrón.
Elaborado por José Luis Vázquez
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