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Se trata de un castro
vetón de la Edad del Hierro que ocupa una destacada
posición sobre la garganta del Alardos que le sirve
de foso, su parte alta está totalmente protegida
por un fortín y hacia la llanura conserva restos
de una muralla. Esta estratégica posición
permitía controlar la parte baja y los accesos a
los pastos de la Sierra de Gredos.
Ocupado desde finales
del siglo III a. C. hasta mediados del s. I a. C., momento
en que se abandona de forma pacífica, se trata de
una construcción ex novo, ya que se ha localizado
un poblado anterior, en llano y sin murallas, en una zona
cercana, El Castañar, que fue destruido. Con este
poblado se relaciona la necrópolis, cuya cronología
abarca desde el siglo V hasta el s. III a. C. La necrópolis
de El Raso no se ha localizado.
Excavado desde los años
70 por F. Fernández Gómez, posee una muralla
de 2 km de perímetro, con una anchura media de 2-3
m, torres de refuerzo y bastiones. Delante de ella se localiza
un amplio foso, y se especula con la existencia de una rampa
de piedras hincadas. En el interior se excavaron cuatro
sectores, que evidencia una amplia densidad ocpuacional
y la carencia de organización urbana, ya que los
trazados de las calles son irregulares. Sin embargo, la
planta de algunas casas se inspira en modelos helenísticos,
con un hogar central, con banco corrido, en torno al que
se distribuyen el resto de las estancias, y un porche en
la entrada, con un pequeño corral para animales.
En el exterior del poblado
existe un santuario dedicado al dios Vaélico, relacionado
con el lobo, que debió ser abundante por estos lugares.
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